abril 01, 2010

Confusión

La calle estaba desierta. Un  paso tras de otro significa avance... ¿hacia dónde? No sé, cualquiera puede ser mejor. Termina una calle y tomo la decisión. Otra calle ¿y luego? Las opciones están ahí. Sin embargo, la actitud permanece al destino. Como dicen Los Tres: Hágalo usted mismo: 
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marzo 17, 2010

Segunda opción

Desnúdate. Recuéstate en la cama abriendo brazos y piernas. Estírate, respira en profundidad. Levanta tu mano que más usas y pásala encima de tu frente, recorre rozando la nariz y labios, sigue al mentón y baja al cuello. Detente ahí, por sobre la garganta. Abre toda la palma de tu mano. Toma con autoridad el cuello. Presiona contando mentalmente: 1... 2... 3... 4... 5... hasta diez, si puedes. Entonces probáblemente te desmayes. Como lo sabes, estarás conciente de ello. Así puedes volar un rato, hasta que alguien venga a despertarte o tú mismo te pellizques tan fuerte que salga sangre (en tu mente).

 

marzo 16, 2010

Hablamos

Y nos hablamos y no nos entendemos... 

Primera ocasión en que pienso que no aprendí nada en el taller de expresión oral (y escrita). 

Ante este callejón sólo queda volar.

Yo lo hago así: Cierro los ojos y respiro muy profundamente. Lleno mis pulmones y mi panza de aire. Comienzo a contar: 1... 2... 3... 4... 5... hasta 10. Exhalo y cuento: 1... 2... 3... 4... 5... hasta 10. Luego hasta 20.

Pronto se va sintiendo que el cuerpo no pesa y si te dejas llevar, vuelas.

marzo 13, 2010

Yo no te pido

Su nombre es Brenda


Yo no te pido que me bajes
una estrella azul
sólo te pido que mi espacio
llenes con tu luz.

Yo no te pido que me firmes
diez papeles grises para amar
sólo te pido que tú quieras
las palomas que suelo mirar.

De lo pasado no lo voy a negar
el futuro algún día llegará
y del presente
qué le importa a la gente
si es que siempre van a hablar.

Sigue llenando este minuto
de razones para respirar
no me complazcas no te niegues
no hables por hablar.

Yo no te pido que me bajes
una estrella azul
sólo te pido que mi espacio
llenes con tu luz.

M. Benedetti

febrero 20, 2010

Aquí escribiendo


Estoy sentado frente a la computadora, quiero escribir algo. Llevo tiempo sin escribir, sin pensar, sin concretar nada. Hace un sol hermoso allá afuera, apenas unas nubes livianas en el cielo azul. Debo escribir algo porque es la manera en que mis pensamientos cobran forma. Y es que ya hasta ella me dice que sólo vivo en mi imaginación. Vivo en mis pensamientos y eso... no es vivir. Ayer se sentía mucho frío y hoy el clima es cálido, se respira tranquilidad por la ventana, se nota que allá afuera la gente está tranquila. No saben que aquí dentro, mi mente maquina cosas increíbles y extraordinarias. Aquí estoy escribiendo en la computadora tratando de concretar los pensamientos, lo que mi cuerpo siente y transforma mi cerebro en ideas. Ahora mismo el aire que entra por la ventana mece mis cabellos, me llama, me invita a que salga y deje sin concluir mis deberes. A lo lejos, la cumbre de la montaña luce un verde contrastante al azul claro del cielo. El cielo es azul porque la atmósfera del planeta produce un efecto reflejante de la luz del sol en el mar. Los techos de las casas brillan ya sin un charco de agua, y es que no se habían visto estas lluvias últimamente. Aquí, dentro del departamento puedo ver todas esas cosas que allá afuera... allá afuera no sería conciente de ellas. Me quedo aquí para describirlas y ser testigo de la hermosura de estos paisajes desde mi ventana. Estoy concretando mis pensamientos con las palabras, las transformo en oraciones y de paso escucho buena música, mi espalda no disfruta igual que mis oídos o mi cerebro, pero igual me gusta saber que tengo esta música a mi disposición. Ella está allá atrás, mirando la televisión y allá afuera... está la vida gritando que vivamos.

enero 22, 2010

40 días sin escribir

Origen de la imagen

Fueron 40 días con sus noches, excepto hoy.

Tuve que hablar con ella para decirle que estaba harto de ser el oculto. Que me sentía limitado para amarla, que no disfrutaba de esconderme... y todo, por evitar más complicaciones.

Así que decidimos separarnos. Es lo correcto, es lo mejor, es lo sano, para los tres, para todos. Sin embargo, cuando subió por esa escalera y desapareció entre la gente, mi corazón latió más fuerte que nunca como queriendo correr tras ella porque algo se me iba.

Pero no lo hice. Es lo correcto, es lo mejor, es lo sano, para los tres, para todos.

Traté de pensar en otra cosa, en otras personas. En mi camino, con la mirada me encontré una caderas amplias y llenas, unos ojos verdes, una sonrisa encantadora, uno senos como capullos de rosa en pleno despunte y nada, ella no salía de mi mente. Incluso, ahora comienzo a sentir ansiedad, no hay en la calle ningunas caderas como las de ella, ningunas.

La extraño. Han pasado veinte minutos desde que la dejé de ver y la extraño. Su aroma, su risa, su voz, sus coqueterías. Llego a casa. Cruza por mi mente la idea de llamarla, decirle que soy un imbécil y que todo lo que dije son tonterías, que no las crea y que mejor las olvide. Pero no me atrevo. No quiero que a partir de esa llamada, ella sepa que me tiene loco e inicie a aprovecharse de mí, de mi ¿amor?

Pasa una hora. No me concentro. Se me cae el agua en la mesa, escribo una palabra por otra, cierro ventanas que no quería, miro el teléfono y pido que me llame.

Al fin, suena el teléfono y contesto sin pensar, deseando sólo escuchar su voz. Es mi madre que llama para preguntar cómo estoy. Bien, madre. Esperando una llamada.

Respiro profundo. Me duele la panza, siento comezón desde la boca del estómago hasta la boca, como mi alergia a la manzana. Camino de un lado al otro, voy al baño y vuelvo, me miro en el espejo y veo mi sonrisa de nervios. Caigo en la cuenta de que esto no es normal en mí. Que no tuve la necesidad de llamarle a alguna desde hace muchos años. ¿Así se siente el amor? Vuelvo a respirar. Ahora sí me tranquilizo, pienso en esa conversación y en su mirada, en sus reproches y en los míos. En esa frase que me rompió la boca: "Sé que no cuento contigo. Nunca me has demostrado apoyo". ¡Zas! Fuertes declaraciones llenas de sentimiento. La recuerdo sabiendo que fue sólo eso, una conversación necesaria, para aclarar puntos. Y que ahora, el siguiente paso es pedir perdón.

Decirle que todo eso es absurdo. Que le quiero y no hay ninguna palabra que exprese lo contrario en lo que dije antes. Que soy un imbécil. Un imbécil que quiere estar con ella pase lo que pase. Pero se lo diré mañana. Para que no sienta que me muero por ella y que me tiene domesticado. ¿Qué es domesticado?, dice el Principito.

¡Que chingás! Le llamo ahora, que para eso soy el que soy y por eso estoy aquí, vivo. Querida, llamé para decirte que todo lo que dije hace tres horas es absurdo y que yo soy estúpido. Te quiero y no quiero separarme de ti. Te pido que olvides todo lo que dije. No soy nadie para decirte lo que tienes qué hacer y en todo caso, yo estoy para recibir lo que me des, que con eso soy feliz.

No eres estúpido, dice ella. Lo haré por ti porque tampoco quiero que nos separemos.

Así, a la siguiente mañana me sentí el imbécil más feliz del mundo, luego de caer en sus redes por voluntad propia. ¿Así se siente el amor?

Luego, pasó el efecto, al mediodía siguiente. Ahora, después de todos estos años, sé que eso no fue amor, fue el enamoramiento. El amor lo hacemos cada vez que desnudos, nos encontramos con la mirada y con los labios.

Esta lectura se recomienda escuchando All I Need de Radiohead:

http://www.youtube.com/watch?v=cdrCalO5BDs

diciembre 14, 2009

Perdido

Comencé a caminar siendo las 6 y media de la tarde. Hacía calor y sentía mi sudor correrme el cuello, las sienes y por detrás de las orejas. Quería llegar a un parque, buscar una banca, sentarme y fumar un cigarrillo. Necesitaba pensar, tal vez calmarme, para pensar.

Llevo dos años perdido, desorientado, confundido. No recuerdo cómo llegué a este momento ni porqué.

No encuentro ningún parque. Banquetas malhechas y sucias, llenas de polvo y mierda. No quiero llegar a mi casa, ni a la de nadie; no quiero encontrar caras conocidas ni amadas. Quiero estar solo donde todos me vean. Quiero sentarme, respirar, calmar y pensar.

Tengo ganas de caminar y caminar hasta caer desmayado de cansancio o deshidratación, y que al despertar, todo esto haya sido sólo un pésimo sueño.

También me imagino nadar en competencia contra mí mismo, conteniendo la respiración debajo del agua, con mis gorra de silicona, con mis googles bien ajustados, mi traje de baño de marca. Sentor el agua deslizarse en mi piel, mis pulmones llenos de aire, el esfuerzo en mis músculos por ganar velocidad, no respirar concentrado sin pensar.
Al fin un parque. Bueno, una cancha de futbol, llena de gente, de niños que gritan y de personas con motivaciones.

A veces ni creo que esto sea depresión, sino... una forma alternativa de ver la vida, de vivirla; sin embargo, no ha sido muy satisfactoria. Son días en que el camino se desvanece una y otra vez en cada cien metros. Un laberinto en la oscuridad de mis pensamientos.

De esto que no recuerdo cómo y porqué. De no saber cómo ni hacia dónde es la salida. De no entender lo mejor y lo peor. De no quedar con idea de rumbo, de despiste total, de marcha en silencio, de fuga en latente deseo, de careta y señuelos, de vida a contracorriente.

Ahí estoy de nuevo, en donde me senté a pensar.



noviembre 08, 2009

Hoy también

Bajé de la ruta y comencé a caminar hacia mi casa. Tenía tres pesos en la bolsa que gané en un juego de canicas a dos de mis amigos y a uno de mis enemigos. En la tienda de abarrotes me compré una Barritas de fresa, así el camino a casa sería más amable. El calor escurré por mis mejillas; siento sudar mi cuello. Siempre que paso por este bar Gatos Kid, imagino mil historias de caballeros que salen a buscar un poco de amistad, un partido de billar o solamente no estar solos.

La calle antes de cruzar el campo de béisbol me gusta de día. Es solitaria. Aquí no se escuchan motores, ni cláxones, ni ladridos, ni voces. Se escuchan los pájarosy de vez en cuando la máquina del tren. En la vía, por las tardes, acostumbramos con Lucio y su hermano acomodar latas de refrescos en las vías en espera de que el tren las convierta en figuras artísticas. A veces usamos botellas de vídrio para escuchar el tronido. Una vez, pusimos cuetes dentro de una lata y vaya regaño que nos dieron, casi tan fuerte como el estruendo de la locomotora.

A esta hora, nadie pordría jugar béisbol aquí. Lucio ya debe estar comiendo. Yo aún tendré que ir por las tortillas y cruzar por el pasillo de los perros. Este mes de mayo hace tanto calor. En septiembre el campo de béisbol es verde, ahora está más seco que la barranca de atrás de mi casa.

La casa de Lucio está a tres terrenos de la mía. Desde aquí, ya huele al arroz con jitomáte de mi mamá. Habrá hecho carne de res empanizada, sabe que me gusta mucho. Agua de limón, ensalada de pepino, lechuga, cebolla y chiles manzanos. Sólo falta que yo vaya por las tortillas.

Mi mamá tiene un pequeño radio en la cocina donde siempre escucha sus canciones favoritas y canta con mucha emoción. Mi madre no sería tan feliz si no cantara esas canciones de los Beatles. Acerté. Milanesas de res. Beso a mi mamá y me siento en casa. Un ambiente fresco porque el piso esté recién lavado. Dejo mi mochila junto a la cama, tomo un short  y me quito el pantalón azul del uniforme, también mi camisa roja a cuadros, la doblo y acomodo en la cabecera de mi cama. Afuera, en el patio me espera el árbol de ciruelas para refrescarme aún más. Primero, como cada tarde después de la escuela, voy al limón, corto el más amarillo, lo llevo a lavar a la cocina, mi mamá lo abre y me lo da en una tacita, y yo tomo un poquitito de sal, porque dice mi mamá que si como mucha sal se me va a picar el hígado y a nadie le gusta tener el hígado picado.

Entonces subo a mi árbol, me instalo en lo alto de la copa, corto las hojas más tiernas del ciruelo y las sumerjo en al jugo de limón con sal. Cuando sea científico cmo Einstein, voy a inventar un árbol de ciruelas que dé hojas más grandes y con sabor a chile piquín.

noviembre 02, 2009

Desperté del sueño




Y ella sí estaba junto de mí, casi en la misma posición en que se durmió. Pero había algo de distinto, ya no en ella sino en mí. Como cuando no corre el viento y se mueve un adorno que cuelga del techo. Me sentí un poco de fuera, de más en una conversación que no se recuerda exactamente entre dos amantes.

Sin ruido, todo en oscuridad. Sería yo el único ser despierto a esta hora de la madrugada. La miro y la escucho. Su respiración es pesada. Así como está, con cabellos finos sobre el rostro, la boca ligeramente abierta, callada, seria, distante... Me siento distante de ella. Aunque a veces me atrapa en sus brazos, y me mira y me dice cosas en silencio. Pero no etiendo ese idioma.

Desperté del sueño y vuelvo a tomar la decisión. Me quedo o me voy. La despierto o me acomodo a su cuerpo. Bebo agua o voy al baño. Duermo o sueño.

La próxima vez que la tenga no habrá vuelta para atrás.