Miraba por le ventana de la ruta, los tonos del cielo que estaba más cerca de las montañas de Tepoztlán, ahí donde comienza el corredor Ajusco Chichinautzin. Hay días en que hasta parece que lloverá, pero no, en esta ciudad no cae el refresco.
El cielo cubría suavemente las partes altas de las montañas, se volvía oscuro y profundo. Así se miraba a lo lejos. A lo cerca, pasaba junto a nosotros un taxi que en su cristal del frente tenía un leyenda "Además de naco, le voy a las Chivas". Y para que quede claro cómo peinsa el que va manejando, abajo estaba una calcomanía donde se leía: "Dios quiera que no sea este mi último viaje".
Así estaba completamente atento a estas manifestaciones de identidad y búsqueda de la razón fundamental, cuando se suben dos jóvenes a la ruta. Armados con una guitarra acústica, amenazaron con robarnos nuestro aburrimiento con sus cañonazos musicales. Lo curioso de estos muchachos de no más de 20 años, consistía en que no eran los clásicos artistas callejeros jodidos, ni ciegos, ni les faltaba ningún miembro (a simple vista), ni acababan de salir del reclusorio.
No, de hecho estos chicos no parecían conocer ningún reclusorio. Tampoco parecían conocer una escuela pública por dentro. Los más fresquitos que me puede imaginar. Camisa tipo polo de marca carísima, bermudas que parcían más caras que toda mi ropa junta, peinados como personajes de RBD, zapatos tennis muy chingones, relojes grandotes que dan la hora exacta, y con una soltura de carácter que todos nos mirábamos con ciertas preguntas.
Mis prejuicios no estuvieron errados. Inciaron una melodía de "Motel", luego otra de "Camila" y otras que afortunadamente, Emerson, Lake & Palmer no me permitieron escuchar. A mí me interesaba escuchar, al finalizar de su repertorio, qué choro mareador dirían para pedir dinero o si acaso, no pedirían la cooperación voluntaria. "Qué tal, buenas tardes. Como ven, nos somos grandes músicos ni los mejores intérpretes, pero hacemos nuestro mejor esfuerzo. Cualquier moneda que gusten regalarnos, será bien recibida".
Así, los fresquitos se llevaron unas monedas ante mi incredulidad de que alguien les diera dinero. Desde mi asiento, me imaginaba que estos mocosos tendrían en su familia más dinero que cualquiera de los que estábamos ahí. Al bajarse, uno de ellos pegó un salto hacia afuer con el bus en movimiento. Se le atoró la agujeta del zapato derecho en la puerta y su cuerpo dio un giro que lo mandó al piso de cabeza ante la mirada de su compañero músico. Guitarra en mano, gritó al chofer que se detuviera, pero fue muy tarde.
La cabeza del intérprete de Motel, Camila y la Acadamía perdió la vida por unas monedas que ni siquiera necesitaba. Y yo pensaba que ojalá éste no fuera nuestro último viaje.
agosto 13, 2009
agosto 12, 2009
Afuera del instituto
casi todos los días, una señora muy guapa coloca sus cazuelas, su hielera y termos, para vender tacos acorazados y refrescos fríos. Mis favoritos son los de milanesa de pollo y los de torta de papa. Doble tortilla, arroz rojo y rajas de chile verde en vinagre.
Dicen que el chile libera sustancias en el cuerpo humano que producen placer. Hasta parece albur, pero no lo es o quizá sí, pero no es el tema. Podría serlo en otra ocasión. Eso pensé cuando escuchaba la nota en el programa de radio porque ya quería que iniciar Satellite of Love de Lou Reed.
Con esa canción recuerdo un tiempo en que estaba enamorado: se llamaba Sara. Tenía la sonrisa más hermosa que he visto, aún con frenos en los dientes. Su hermosa cabellera llena de rizos oscuros me tenía siempre con la boca abierta. Ella no me miraba, yo digamos que mantenía un perfil bajo en el ambiente de popularidad de la escuela preparatoria.
Un día me hice el chistoso y logré que me sonriera. Al final de mi numerito, me acerqué, la miré a los ojos, tomé su mano izquierda y le pregunté su nombre (que yo ya sabía). Me presenté y le dije que almorzáramos juntos esa mañana. Hablamos de cosas simples, la escuela y al final, casi para despedirnos, le confesé que me gustaba desde que la vi y que ojalá un día, le diera una oportunidad a mi corazón. Sonrió y no dijo nada. Su sonrisa fue el mejor regalo.
Al día siguiente, en la escuela, luego de que pasé la noche pensando en Sara, me enteré de que la noche anterior, ella, sin ninguna explicación sufrió una "muerte fulminante".
Me dio mucho coraje con la vida. Así que a la mañana siguiente, salí a caminar en dirección a la montaña; caminé todo el día, sin sed ni hambre, sólo mucho coraje. El sol pasó por encima mío hasta que comenzó a buscar su propio refugio tras la bruma a lo lejos en el Valle Cuauhnáhuac.
Al fin, el cansancio me venció en la cúspide del Cerro de la Miel. Ahí, lloré por la desgracia de ser tan frágiles como humanos. Miré al cielo y además de la Luna, una estrella me miraba con cierta atención. Limpié mi rostro para evitar en vano que notara mi sufrimiento. Entonces, levanté mi rostro nuevamente para descubrir que la mirada tierna de esta estrella, despacio, se convirtió en la sonrisa de Sara. Y como en cuento de Hermann Hesse, tomé vuelo y me arrojé hacia la estrella para abrazarla. Nunca más se volvió a saber de nuestro amor.
Dicen que el chile libera sustancias en el cuerpo humano que producen placer. Hasta parece albur, pero no lo es o quizá sí, pero no es el tema. Podría serlo en otra ocasión. Eso pensé cuando escuchaba la nota en el programa de radio porque ya quería que iniciar Satellite of Love de Lou Reed.
Con esa canción recuerdo un tiempo en que estaba enamorado: se llamaba Sara. Tenía la sonrisa más hermosa que he visto, aún con frenos en los dientes. Su hermosa cabellera llena de rizos oscuros me tenía siempre con la boca abierta. Ella no me miraba, yo digamos que mantenía un perfil bajo en el ambiente de popularidad de la escuela preparatoria.
Un día me hice el chistoso y logré que me sonriera. Al final de mi numerito, me acerqué, la miré a los ojos, tomé su mano izquierda y le pregunté su nombre (que yo ya sabía). Me presenté y le dije que almorzáramos juntos esa mañana. Hablamos de cosas simples, la escuela y al final, casi para despedirnos, le confesé que me gustaba desde que la vi y que ojalá un día, le diera una oportunidad a mi corazón. Sonrió y no dijo nada. Su sonrisa fue el mejor regalo.
Al día siguiente, en la escuela, luego de que pasé la noche pensando en Sara, me enteré de que la noche anterior, ella, sin ninguna explicación sufrió una "muerte fulminante".
Me dio mucho coraje con la vida. Así que a la mañana siguiente, salí a caminar en dirección a la montaña; caminé todo el día, sin sed ni hambre, sólo mucho coraje. El sol pasó por encima mío hasta que comenzó a buscar su propio refugio tras la bruma a lo lejos en el Valle Cuauhnáhuac.
Al fin, el cansancio me venció en la cúspide del Cerro de la Miel. Ahí, lloré por la desgracia de ser tan frágiles como humanos. Miré al cielo y además de la Luna, una estrella me miraba con cierta atención. Limpié mi rostro para evitar en vano que notara mi sufrimiento. Entonces, levanté mi rostro nuevamente para descubrir que la mirada tierna de esta estrella, despacio, se convirtió en la sonrisa de Sara. Y como en cuento de Hermann Hesse, tomé vuelo y me arrojé hacia la estrella para abrazarla. Nunca más se volvió a saber de nuestro amor.
agosto 06, 2009
Anoche veía un documental en Canal Once

sobre la vida y obra de Rodrígo González Guzmán, conocido como el mito de Rockdrigo. Aquel que murió de sobredosis de cemento el 19 de septiembre de 1985. Nacido en Tampico, Tamaulipas, luego avecindado en Xalapa, Veracruz, y finalmente muerto en el D.F.
Dicen que la muerte anda tras mis huesos.
Si es así la espero, pa´ darle sus besos.
Y si no me alcanza la muy condenada,
me paro un ratito pa´ verla enojada.
A mí me llegó su emoción por allá de 1994. Ya era el mito. Y yo entraba a la adolescencia. No entendía mucho, pero como dice su hija "sus rolas (de Rockdrigo, cabe aclarar), son habitaciones para el alma".
Cuentan que la muerte, va muy atareada,
llevándose viejos, también muchas chavas.
Que asusta a la gente, que asusta de veras,
pues viene y te lleva, aunque no lo quieras.
La vida de este personaje no es muy diferente a la de cualquier músico que sale de un barrio. Vivió rápido y se fue pronto. Empezó con sus rolas en los cafés de la zonaja rosa, sacando para lo indispensable. Luego fue el más pedido por la banda. Y después de muerto, se convirtió en leyenda.
La gente le teme; tal vez más que al diablo,
siente un gran castillo, cuando pobre está.
Y hasta cuentan dichos de sobrevivencia:
de espíritus locos que retan la ciencia.
El programa es retomado de una producción independiente realizada en 2003. Hay testimonios de los demás Rupestres, de Botellita de Jerez, fotógrafos y varios músicos más. La gente y las historias de Rockdrigo, como eso de que no está muerto, que vive escondido en Tepoztlán.
Dicen que la muerte, va muy atareada,
llevándose viejos, también muchas chavas.
Que asusta a la gente, que asusta de veras,
pues viene y te lleva, aunque no lo quieras.
Hay un testimonio curioso de un vampiro que dice que a él el temblor del 85, lo agarró poco antes de entrar al sarcófago. Dice: "comencé a sentir que el piso se movía, pero pensé que era por tanto que había bailado esa noche".
Más hay quien no teme, ni si quiera un poco.
Ya sea por estar cuerdo, o por estar loco.
Y si tú te acercas a los cementerios,
verás mucha gente haciendo misterios.
El programa terminó a la 1 de la mañana. Afortunadamente, desde hacía tres horas que estaba lloviendo y ya no hacía tanto calor. Me cuidé que no hubiera ningún mosco cerca, apagué la luz y quise dormir.
Cuentan que la muerte, va muy atareada,
llevándose viejos, también muchas chavas.
Que asusta a la gente, que asusta de veras,
pues viene y te lleva, aunque no lo quieras.
(dicen que la muerte, rockdrigo).
Entre sueños, apareció ante mí, un pedazo de papel blanco que flotaba y se movía un poco, casi llevado por el viento, hacia la ventana de lo que supuse, era una recámara. Ajá, es un departamento donde viví en 2003 en el Distrito Federal, allá por la colonia Narvarte. Entre Amores y Cuauhtémoc.
Me acerco a la ventana para tomar el pepel y me sorprende la ventana abriéndose de par en par. Unas cortinas blancas alcanzan a tocar mi rostro. El papel de pierde en el resplandor de no sé qué cosa, doy un paso hacia atrás... otro más... Despierto. Me levanto a beber agua. No tengo sueño, son las 3 de la mañana. Me rasco la barba, pongo musica a bajito bajito volumen.
Cabalgo sobre sueños, innecesarios y rotos
prisionero iluso, de esta selva cotidiana.
Y como hoja seca, que vaga en el viento
vuelo imaginario, sobre historias de concreto.
Navego en el mar, de las cosas exactas
voy clavado en momentos, de semánticas gastadas.
Y cual si fuera una nube, esculpida en el cielo
dibujo satisfecho, mis huellas en el invierno.
Ya que yo, no tengo tiempo de cambiar mi vida
la máquina me a vuelto una sombra borrosa
y aunque soy la misma tuerca que ha negado tus ojos
sé que aun tengo tiempo para atracar en un puerto.
Camino automático en una alfombra de status
masticando en mi mente, las verdades mas sabidas.
Y como lobo salvaje, que a perdido su camino
he llenado mis bolsillos con escombros del destino.
Sabes bien que, manejo implacable mi nave cibernética
entré a aquel laberinto, de los planetas muertos.
Cual si fuera la espuma, de un anuncio de cerveza
una marca me ha vendido ya la forma de mi cabeza.
Ya que yo.....
Dicen que la muerte anda tras mis huesos.
Si es así la espero, pa´ darle sus besos.
Y si no me alcanza la muy condenada,
me paro un ratito pa´ verla enojada.
A mí me llegó su emoción por allá de 1994. Ya era el mito. Y yo entraba a la adolescencia. No entendía mucho, pero como dice su hija "sus rolas (de Rockdrigo, cabe aclarar), son habitaciones para el alma".
Cuentan que la muerte, va muy atareada,
llevándose viejos, también muchas chavas.
Que asusta a la gente, que asusta de veras,
pues viene y te lleva, aunque no lo quieras.
La vida de este personaje no es muy diferente a la de cualquier músico que sale de un barrio. Vivió rápido y se fue pronto. Empezó con sus rolas en los cafés de la zonaja rosa, sacando para lo indispensable. Luego fue el más pedido por la banda. Y después de muerto, se convirtió en leyenda.
La gente le teme; tal vez más que al diablo,
siente un gran castillo, cuando pobre está.
Y hasta cuentan dichos de sobrevivencia:
de espíritus locos que retan la ciencia.
El programa es retomado de una producción independiente realizada en 2003. Hay testimonios de los demás Rupestres, de Botellita de Jerez, fotógrafos y varios músicos más. La gente y las historias de Rockdrigo, como eso de que no está muerto, que vive escondido en Tepoztlán.
Dicen que la muerte, va muy atareada,
llevándose viejos, también muchas chavas.
Que asusta a la gente, que asusta de veras,
pues viene y te lleva, aunque no lo quieras.
Hay un testimonio curioso de un vampiro que dice que a él el temblor del 85, lo agarró poco antes de entrar al sarcófago. Dice: "comencé a sentir que el piso se movía, pero pensé que era por tanto que había bailado esa noche".
Más hay quien no teme, ni si quiera un poco.
Ya sea por estar cuerdo, o por estar loco.
Y si tú te acercas a los cementerios,
verás mucha gente haciendo misterios.
El programa terminó a la 1 de la mañana. Afortunadamente, desde hacía tres horas que estaba lloviendo y ya no hacía tanto calor. Me cuidé que no hubiera ningún mosco cerca, apagué la luz y quise dormir.
Cuentan que la muerte, va muy atareada,
llevándose viejos, también muchas chavas.
Que asusta a la gente, que asusta de veras,
pues viene y te lleva, aunque no lo quieras.
(dicen que la muerte, rockdrigo).
Entre sueños, apareció ante mí, un pedazo de papel blanco que flotaba y se movía un poco, casi llevado por el viento, hacia la ventana de lo que supuse, era una recámara. Ajá, es un departamento donde viví en 2003 en el Distrito Federal, allá por la colonia Narvarte. Entre Amores y Cuauhtémoc.
Me acerco a la ventana para tomar el pepel y me sorprende la ventana abriéndose de par en par. Unas cortinas blancas alcanzan a tocar mi rostro. El papel de pierde en el resplandor de no sé qué cosa, doy un paso hacia atrás... otro más... Despierto. Me levanto a beber agua. No tengo sueño, son las 3 de la mañana. Me rasco la barba, pongo musica a bajito bajito volumen.
Cabalgo sobre sueños, innecesarios y rotos
prisionero iluso, de esta selva cotidiana.
Y como hoja seca, que vaga en el viento
vuelo imaginario, sobre historias de concreto.
Navego en el mar, de las cosas exactas
voy clavado en momentos, de semánticas gastadas.
Y cual si fuera una nube, esculpida en el cielo
dibujo satisfecho, mis huellas en el invierno.
Ya que yo, no tengo tiempo de cambiar mi vida
la máquina me a vuelto una sombra borrosa
y aunque soy la misma tuerca que ha negado tus ojos
sé que aun tengo tiempo para atracar en un puerto.
Camino automático en una alfombra de status
masticando en mi mente, las verdades mas sabidas.
Y como lobo salvaje, que a perdido su camino
he llenado mis bolsillos con escombros del destino.
Sabes bien que, manejo implacable mi nave cibernética
entré a aquel laberinto, de los planetas muertos.
Cual si fuera la espuma, de un anuncio de cerveza
una marca me ha vendido ya la forma de mi cabeza.
Ya que yo.....
julio 22, 2009
Me iré a vivir a un cuarto

porque la casa donde estoy ya es pequeña. No porque haya encogido, es que crecí. Busqué el más barato, el más cercano, el más grande. Resulta que también es el más iluminado y el que más está hecho para mí.
La chica con quien hice el trato parece una buena persona. No creo que le importe mucho lo que yo haga, más bien son mis billetes. Pocos, pero igual de valiosos en cualquier parte del país. La casa tiene dos entradas. En la primera es una puerta negra que da a unas escaleras a un segundo piso. Ahí es donde viviré. La segunda es un portón que se abre para que de día se convierta en tienda de abarrotes.
Mi piso, el segundo, tiene una ventana a la calle y dos al patio trasero de la vecina. No tengo vecinos en los costados ni arriba. La pared de la sala tiene una mancha que, según me dijeron, no se quita con nada, que debe ser algún tipo de resina, grasa o humedad que la pintura no cubre. Que no me preocupe, que no tiene consecuencias.
Pero la mancha no se quita con nada. Ya lavé la pared con todo lo que se me ocurrió y nada. La pintura se deshizo al día siguiente de que la cubrí. Al otro lado de la pared no hay nada.
Es mi tercer noche en el departamento y no sé por qué me da tanta curiosidad esta mancha. No me la explico. Es grande, abarca más o menos medio metro de diámetro. Tiene ondas en tono café claro. En el centro se oscurece más.
Anoche, sentí que la mancha se movió. Bueno, no como moverse, más bien como vibrar. Percibí una sensación de vibración mientras dormía. Debo decir que me quedé dormido en la sala mirando la mancha. Tiene algún efecto hipnotizante. Esa vibración debe ser de tanto verla. Hace dos noches que ya no llego a mi cama.
Esta vez, al salir de bañarme por la mañana, escuché un ruido que venía de la mancha. Me acerqué para verificar y pude ver por un segundo que las ondas en tono café en la blanca pared se movieron. Encendí el estéreo para relajarme con música, pero la mancha no me lo permitió. Al subir el volumen de mi aparato el sonido se vició lastimando mis oídos y los de muchos alredodor, seguramente.
Hoy fue la televisión. Simplemente no prende. Deber ser la mancha. De pronto, un viento entra por la ventana que da a la calle y derriba un florero con flores secas. El ruido no me sorprendió, pero sí las flores secas que volaron hasta la mancha y se quedaron pegadas a ella. Yo quise tomarlo con calma, pensando que esto debe ser el preámbulo a que se desvele la causa de la mancha.
Encendí el último cigarillo que tenía y al arojar el fósforo hacia el piso, también voló hasta la mancha y junto con las flores se fue hundiendo en la pared hasta desparecer.
Saqué mi teléfono celular para tomar una foto de la mancha, pero un ruido que más bien era chillido salió de la pared y brinqué del susto. Mi teléfono se apagó, también mi cigarrillo y el viento agitó mi cabello hacia la mancha. Intenté darme vuelta y no pude dejar de mirarla. Mis manos no respondian a mis órdenes. Ni mis manos ni nigún músculo de mi cuerpo. Ni siquiera podía parpadear. Poco a poco el aire me arrastró hasta ella que abriendo sus fauces, me engulló sin que hasta el momento sepa a causa de qué estaba manchada la pared.
La chica con quien hice el trato parece una buena persona. No creo que le importe mucho lo que yo haga, más bien son mis billetes. Pocos, pero igual de valiosos en cualquier parte del país. La casa tiene dos entradas. En la primera es una puerta negra que da a unas escaleras a un segundo piso. Ahí es donde viviré. La segunda es un portón que se abre para que de día se convierta en tienda de abarrotes.
Mi piso, el segundo, tiene una ventana a la calle y dos al patio trasero de la vecina. No tengo vecinos en los costados ni arriba. La pared de la sala tiene una mancha que, según me dijeron, no se quita con nada, que debe ser algún tipo de resina, grasa o humedad que la pintura no cubre. Que no me preocupe, que no tiene consecuencias.
Pero la mancha no se quita con nada. Ya lavé la pared con todo lo que se me ocurrió y nada. La pintura se deshizo al día siguiente de que la cubrí. Al otro lado de la pared no hay nada.
Es mi tercer noche en el departamento y no sé por qué me da tanta curiosidad esta mancha. No me la explico. Es grande, abarca más o menos medio metro de diámetro. Tiene ondas en tono café claro. En el centro se oscurece más.
Anoche, sentí que la mancha se movió. Bueno, no como moverse, más bien como vibrar. Percibí una sensación de vibración mientras dormía. Debo decir que me quedé dormido en la sala mirando la mancha. Tiene algún efecto hipnotizante. Esa vibración debe ser de tanto verla. Hace dos noches que ya no llego a mi cama.
Esta vez, al salir de bañarme por la mañana, escuché un ruido que venía de la mancha. Me acerqué para verificar y pude ver por un segundo que las ondas en tono café en la blanca pared se movieron. Encendí el estéreo para relajarme con música, pero la mancha no me lo permitió. Al subir el volumen de mi aparato el sonido se vició lastimando mis oídos y los de muchos alredodor, seguramente.
Hoy fue la televisión. Simplemente no prende. Deber ser la mancha. De pronto, un viento entra por la ventana que da a la calle y derriba un florero con flores secas. El ruido no me sorprendió, pero sí las flores secas que volaron hasta la mancha y se quedaron pegadas a ella. Yo quise tomarlo con calma, pensando que esto debe ser el preámbulo a que se desvele la causa de la mancha.
Encendí el último cigarillo que tenía y al arojar el fósforo hacia el piso, también voló hasta la mancha y junto con las flores se fue hundiendo en la pared hasta desparecer.
Saqué mi teléfono celular para tomar una foto de la mancha, pero un ruido que más bien era chillido salió de la pared y brinqué del susto. Mi teléfono se apagó, también mi cigarrillo y el viento agitó mi cabello hacia la mancha. Intenté darme vuelta y no pude dejar de mirarla. Mis manos no respondian a mis órdenes. Ni mis manos ni nigún músculo de mi cuerpo. Ni siquiera podía parpadear. Poco a poco el aire me arrastró hasta ella que abriendo sus fauces, me engulló sin que hasta el momento sepa a causa de qué estaba manchada la pared.
julio 09, 2009
Leyendo historia, me encontré con que Greg Lake, que en el '70 creó junto con Keith Emerson, y Carl Palmer, al grupo Emerson, Lake & Palmer, fue vocalista de King Crimson en el '69, cuando sacaron su disco In the Court of the Crimson King (maravilloso, por cierto).
Luego, el baterista de Yes, Bill Bruford en el '72, deja al grupo para unirse a King Crimson. Chale, todo queda entre familia (musical).
King Crimson, nacido en 1968, cambia de integrantes como de calzones. El único que está siempre es Robert Fripp, él es el Rey Carmesí.En el '75 de plano dijo que King Crimson estaba acabado y se disolvían (jaja, no pensaron que yo les vería tocando en el 2004 en plena Ciudad de las Tunas y Nopales).
En ese momento, Ian McDonall pertenecía al grupo, pero en el '76 se va y forma Foreigner (ay nomás, padrino).
En el 81, Fripp y Bruford incluyen al bajista Tony Levin (ex colaborador de Peter Gabriel y John Lennon). También trajeron a Adrian Belew de los Talking Heads.
De cuando yo los vi, la alineación era: Robert Fripp, Adrian Belew, Tony Levin y Pat Mastelotto. Pero apartir de 2008, Gavin Harisson (de Porcupine Tree) se integra como co-baterista.
40 años de King Crimson, llamada así por Belcebú, ha sido generador de talentos y como dijo Fripp, más que una banda, un nombre o unos músicos, King Crimson es un modo de vida.
I'm a dinosaur... sombody is digging my bones...
(Dejo video de Svefn-G-Englar de Sigur Rós: http://vimeo.com/3975173)
Luego, el baterista de Yes, Bill Bruford en el '72, deja al grupo para unirse a King Crimson. Chale, todo queda entre familia (musical).
King Crimson, nacido en 1968, cambia de integrantes como de calzones. El único que está siempre es Robert Fripp, él es el Rey Carmesí.En el '75 de plano dijo que King Crimson estaba acabado y se disolvían (jaja, no pensaron que yo les vería tocando en el 2004 en plena Ciudad de las Tunas y Nopales).
En ese momento, Ian McDonall pertenecía al grupo, pero en el '76 se va y forma Foreigner (ay nomás, padrino).
En el 81, Fripp y Bruford incluyen al bajista Tony Levin (ex colaborador de Peter Gabriel y John Lennon). También trajeron a Adrian Belew de los Talking Heads.
De cuando yo los vi, la alineación era: Robert Fripp, Adrian Belew, Tony Levin y Pat Mastelotto. Pero apartir de 2008, Gavin Harisson (de Porcupine Tree) se integra como co-baterista.
40 años de King Crimson, llamada así por Belcebú, ha sido generador de talentos y como dijo Fripp, más que una banda, un nombre o unos músicos, King Crimson es un modo de vida.
I'm a dinosaur... sombody is digging my bones...
(Dejo video de Svefn-G-Englar de Sigur Rós: http://vimeo.com/3975173)
julio 07, 2009
Optimistic de Radiohead
Cuando te conocí /quise ir contigo a todos lados, quería aprender de ti, sí, eso, / me tenías embobada con tu forma de vivir y con el tono de tu voz, /era seductor cuando hablabas con tu voz... pausada... suave... /a la que parecería que nada la sorprendiera.
Escuchaba Optimistic cuando leí esto. Sentí una leve opresión en el pecho o un vacío en el corazón, no sabría exacatamente. Cerré mis ojos y escurrió una lágrima de mi ojo izquierdo. El cielo se prende cada tres minutos y hace sonar toda su furia, pero sé que no lloverá.
En mi mente, apareció el tipo del que habla la chica. Debe ser un hombre viejo, con barba, desaliñado... Seguro usa boina y saco, lleva libros viejos bajo el brazo y está solo.
Flies are buzzing around my head
Vultures circling the dead
Picking up every last crumb
The big fish eat the little ones
The big fish eat the little ones
Not my problem give me some...
O puede que en cambio, sea una sombra que vaga, un amigo, un vecino, un abuelo, un fantasma. En mi mente también está la imagen del hombre joven, semidesnudo, bajo el agua, nada de rana hacia la profundidad, cada vez más oscuro. Lleva el cabello largo y se le amontona en la cara. Sus mejillas hinchadas por el aire que contiene, sus ojos entre abiertos y sus pies desnudos. Imagen recurrente en mi cabeza, hasta que se me ocurrió seguir leyendo los correos electrónicos. Llegué así hasta el de una joven hermosa, que derrama ternura en su mirada, irresistible al estar cerca de ella, pero tiene un gran dolor.
Me da la noticia que se despide de mí. Es un shock. Su carta dice que se marcha y no volverá a verme; en ella hay un drama encubierto. A mí, al leerlo, me desvela otro. Ambos duelen y nos recuerdan el pasado. Nos recuerdan la historia de nuestras vidas, el camino que hemos recorrido hasta llegar aquí y allá, donde ahora está.
Leía en su carta un reclamo, una denuncia y su decepción. Un dolor que no entiendo bien, quizá leo un chantaje o mi propia impotencia; mi coraje y frustración. Una fea forma de canalizar las emociones negativas, un trago de whisky y un cigarrillo cubano. Un vaso de leche con café y un pan tostado con cajeta.
Al final, con letras mayúsculas, centrado, dice: ADIOS.
No le puso acento, seguro para molestarme.
No tengo aún la respuesta. Quizá debería comenzar a olvidarla, a no pensar en ella, a igual decirle adiós. ¿O me está pidiendo que la busque? Que vaya por ella, allá, al fin del país. No lo sé, se lleva un poco de mí... ¿o se está muriendo? Me pide que muera en ella, con ella, porque no lo hice por ella.
Esta carta electrónica viene escrita y luego escaneada, por si faltara drama. Incluso, la firma con una rosa, como siempre firmaba sus escritos literarios. "Una rosa envenenada", decía ella. Nunca le pregunté por qué decía eso. Ahora que lo pienso, tampoco le pregunté el nombre de sus padres, ni de sus hermanos, ni qué número de hija era, ni nada de sus abuelos. Tampoco quise saber de su trabajo, de sus compañeros de oficina, de su salario, de sus satisfacciones laborales, no supe qué carrera estudió, ni nunca vi su credencial de elector. Es más, creo que no era mexicana. No supe la graduación de sus anteojos, ni su número de calzado. Menos me interesé sobre sus historias escolares, de infancia o adolescencia. Creo que una vez me contó algo sobre secundaria, pero no supe si era para provocarme. No supe si usó drogas. Ni por cuál partido votaría. No sé su apodo, ni sus medidas o talla. Increíble que ni supe la música que le gustaba, siempre le ponía la mía. No fuimos al cine, ni a un parque. No estuvimos en la playa, a pesar de mi insistencia. No bebimos hasta emborracharnos, no supe el nombre de su mejor amiga, ni si tenía hijos. Tampoco fui a su casa, no sé donde vive y perdí el número de celular. Nunca vi escrito su nombre, no sé si es con "i" o "y", no sé qué piensa sobre el capitalismo, el marxismo, la teoría crítica, el funcionalismo ni la poesía de Benedetti. No supe su posición frente a la vida ni si creía en Dios, en Jesús o Michael Jackson. Nada sobre sus enfermedades, ni sus cualidades, tampoco sus virtudes, miedos, deseos, capacidades, afectos, amores, dolores, vacíos, traumas o pasiones. No le pregunté casi nada y ahora se va.
Sí supe que fue la mujer con la que disfruté más el sexo. Que me gustaba más que cualquiera, que me quiso. Supe que estaba sola como yo. Supe que tenía una doble vida como yo. Supe que nació de 7 meses, un siete de agosto de 1978. Supe que es una gran persona. Que tiene tanta nobleza como ternura. Supe que me amó.
This one's optimistic
This one went to market
This one just came out of the swamp
This one dropped a payload
Fodder for the animals
Living on an animal farm
If you try the best you can
If you try the best you can
The best you can is good enough
Así fue como imprimí el correo electrónico firmado con la rosa envenenada, lo hice bolita, me lo comí y morí envenenado, escuchando Optimistic de Radiohead.
Escuchaba Optimistic cuando leí esto. Sentí una leve opresión en el pecho o un vacío en el corazón, no sabría exacatamente. Cerré mis ojos y escurrió una lágrima de mi ojo izquierdo. El cielo se prende cada tres minutos y hace sonar toda su furia, pero sé que no lloverá.
En mi mente, apareció el tipo del que habla la chica. Debe ser un hombre viejo, con barba, desaliñado... Seguro usa boina y saco, lleva libros viejos bajo el brazo y está solo.
Flies are buzzing around my head
Vultures circling the dead
Picking up every last crumb
The big fish eat the little ones
The big fish eat the little ones
Not my problem give me some...
O puede que en cambio, sea una sombra que vaga, un amigo, un vecino, un abuelo, un fantasma. En mi mente también está la imagen del hombre joven, semidesnudo, bajo el agua, nada de rana hacia la profundidad, cada vez más oscuro. Lleva el cabello largo y se le amontona en la cara. Sus mejillas hinchadas por el aire que contiene, sus ojos entre abiertos y sus pies desnudos. Imagen recurrente en mi cabeza, hasta que se me ocurrió seguir leyendo los correos electrónicos. Llegué así hasta el de una joven hermosa, que derrama ternura en su mirada, irresistible al estar cerca de ella, pero tiene un gran dolor.
Me da la noticia que se despide de mí. Es un shock. Su carta dice que se marcha y no volverá a verme; en ella hay un drama encubierto. A mí, al leerlo, me desvela otro. Ambos duelen y nos recuerdan el pasado. Nos recuerdan la historia de nuestras vidas, el camino que hemos recorrido hasta llegar aquí y allá, donde ahora está.
Leía en su carta un reclamo, una denuncia y su decepción. Un dolor que no entiendo bien, quizá leo un chantaje o mi propia impotencia; mi coraje y frustración. Una fea forma de canalizar las emociones negativas, un trago de whisky y un cigarrillo cubano. Un vaso de leche con café y un pan tostado con cajeta.
Al final, con letras mayúsculas, centrado, dice: ADIOS.
No le puso acento, seguro para molestarme.
No tengo aún la respuesta. Quizá debería comenzar a olvidarla, a no pensar en ella, a igual decirle adiós. ¿O me está pidiendo que la busque? Que vaya por ella, allá, al fin del país. No lo sé, se lleva un poco de mí... ¿o se está muriendo? Me pide que muera en ella, con ella, porque no lo hice por ella.
Esta carta electrónica viene escrita y luego escaneada, por si faltara drama. Incluso, la firma con una rosa, como siempre firmaba sus escritos literarios. "Una rosa envenenada", decía ella. Nunca le pregunté por qué decía eso. Ahora que lo pienso, tampoco le pregunté el nombre de sus padres, ni de sus hermanos, ni qué número de hija era, ni nada de sus abuelos. Tampoco quise saber de su trabajo, de sus compañeros de oficina, de su salario, de sus satisfacciones laborales, no supe qué carrera estudió, ni nunca vi su credencial de elector. Es más, creo que no era mexicana. No supe la graduación de sus anteojos, ni su número de calzado. Menos me interesé sobre sus historias escolares, de infancia o adolescencia. Creo que una vez me contó algo sobre secundaria, pero no supe si era para provocarme. No supe si usó drogas. Ni por cuál partido votaría. No sé su apodo, ni sus medidas o talla. Increíble que ni supe la música que le gustaba, siempre le ponía la mía. No fuimos al cine, ni a un parque. No estuvimos en la playa, a pesar de mi insistencia. No bebimos hasta emborracharnos, no supe el nombre de su mejor amiga, ni si tenía hijos. Tampoco fui a su casa, no sé donde vive y perdí el número de celular. Nunca vi escrito su nombre, no sé si es con "i" o "y", no sé qué piensa sobre el capitalismo, el marxismo, la teoría crítica, el funcionalismo ni la poesía de Benedetti. No supe su posición frente a la vida ni si creía en Dios, en Jesús o Michael Jackson. Nada sobre sus enfermedades, ni sus cualidades, tampoco sus virtudes, miedos, deseos, capacidades, afectos, amores, dolores, vacíos, traumas o pasiones. No le pregunté casi nada y ahora se va.
Sí supe que fue la mujer con la que disfruté más el sexo. Que me gustaba más que cualquiera, que me quiso. Supe que estaba sola como yo. Supe que tenía una doble vida como yo. Supe que nació de 7 meses, un siete de agosto de 1978. Supe que es una gran persona. Que tiene tanta nobleza como ternura. Supe que me amó.
This one's optimistic
This one went to market
This one just came out of the swamp
This one dropped a payload
Fodder for the animals
Living on an animal farm
If you try the best you can
If you try the best you can
The best you can is good enough
Así fue como imprimí el correo electrónico firmado con la rosa envenenada, lo hice bolita, me lo comí y morí envenenado, escuchando Optimistic de Radiohead.
junio 24, 2009
Robé el balón y corrí hacia el tablero
me sentí solo, ya nadié me siguió; eran los últimos minutos del partido y nadie quería correr, pero yo tenía la pelota y no había anotado un solo punto. Botaba la pelota sintiéndome Mágico Johnson, una sonrisa se esbozaba en mi cara, mis rodillas seguras avanzaban sin chocar entre sí. De pronto, tuve una duda: recordé que soy un fiasco en el basquetbol... Por eso nadie fue tras de mí, sabían que me caería o que al lanzar la pelota ni siquiera tocaría el tablero.
Entonces la cancha se me hacía enoooorme... Incluso se me movía el piso. Pero de pronto sentí el viento mover ligeramente mis cabellos, un aire de seguridad me invadió. Fui directo al área, tomé el balón con fuerza y brinqué como nunca. Hice una clavada que me lastimó los dedos de la mano derecha, pero qué importaba. ¡Acababa de atascar la pelota en la canasta!
No supe si me hice daño en las manos o en los tobillos al dejar de colgarme porque desperté, mi gata Mona lamía mis dedos. Era hora de la merienda. Cuando niño, mi mamá nos hacía unas galletas de trigo con azúcar, con té de canela o limón, casi no hubo leche. Esas galletas aprendí a hacerlas y hoy, Mona es la que me acompaña para disfrutarlas. Me gusta la cocina, un espacio mágico dedicado al placer del cuerpo. Nadie debería cocinar algo que no le dará placer.
La vecina de enfrente está regando sus plantas; no sé cómo se llaman... son un tipo de arbusto, pero muy pequeño que cubre la base de su ventana. Ella vive sola, debería tener al menos un gato. Me mira y nos saluda como cada noche. Nos da la espalda, mientras Mona bebe su leche y me mira alternadamente. La vecina se recarga de espalda a la ventana, se sube y se sienta en ella. Siempre he pensado que es muy solitaria. Nunca le he visto visitas, ni siquiera la luz encendida después de las 10 de la noche. Me parece muy raro que esté sentada en la ventana... No es tan fea, quizá debería invitarla a cenar. Seríamos buena compañía para un chica solitaria, ¿no crees Mona? Cosa de bajar nuestros 10 pisos, cruzar la calle, subir sus 10 pisos y tocar a su puerta. Nada insólito. Quizá debería hacerlo ahora mismo.
La vecina, así de espaldas, saca sus brazos, se detiene unos segundos y se deja caer hacia atrás. Ya no cenaremos juntos.
Entonces la cancha se me hacía enoooorme... Incluso se me movía el piso. Pero de pronto sentí el viento mover ligeramente mis cabellos, un aire de seguridad me invadió. Fui directo al área, tomé el balón con fuerza y brinqué como nunca. Hice una clavada que me lastimó los dedos de la mano derecha, pero qué importaba. ¡Acababa de atascar la pelota en la canasta!
No supe si me hice daño en las manos o en los tobillos al dejar de colgarme porque desperté, mi gata Mona lamía mis dedos. Era hora de la merienda. Cuando niño, mi mamá nos hacía unas galletas de trigo con azúcar, con té de canela o limón, casi no hubo leche. Esas galletas aprendí a hacerlas y hoy, Mona es la que me acompaña para disfrutarlas. Me gusta la cocina, un espacio mágico dedicado al placer del cuerpo. Nadie debería cocinar algo que no le dará placer.
La vecina de enfrente está regando sus plantas; no sé cómo se llaman... son un tipo de arbusto, pero muy pequeño que cubre la base de su ventana. Ella vive sola, debería tener al menos un gato. Me mira y nos saluda como cada noche. Nos da la espalda, mientras Mona bebe su leche y me mira alternadamente. La vecina se recarga de espalda a la ventana, se sube y se sienta en ella. Siempre he pensado que es muy solitaria. Nunca le he visto visitas, ni siquiera la luz encendida después de las 10 de la noche. Me parece muy raro que esté sentada en la ventana... No es tan fea, quizá debería invitarla a cenar. Seríamos buena compañía para un chica solitaria, ¿no crees Mona? Cosa de bajar nuestros 10 pisos, cruzar la calle, subir sus 10 pisos y tocar a su puerta. Nada insólito. Quizá debería hacerlo ahora mismo.
La vecina, así de espaldas, saca sus brazos, se detiene unos segundos y se deja caer hacia atrás. Ya no cenaremos juntos.
junio 23, 2009
Hoy no
Se muestra, me pone la carnada y me tira con el mazo. Lo bueno que soy CristoAntonio, y soy muy listo. Después de segurime la corriente, le dije buenas noches y definitivamente no volví a decirle que la amaba. ¡Buenas Noches!
junio 22, 2009
Kristos, Poncho Maya y José Manuel Aguilera
me dieron la bienvenida a la vida nocturna de Cuernavaca. Una lágrima nació en mi espíritu cuando el vocalista de La Barranca inició los acordes del Estallido Interno. "Todos los amantes se besaron en mi alma/todos los ladrones son igual que yo/y en un abrazo acaricié todas las horas de tu vida...". Entonces ya no era una lágrima sino una inmensidad. Mi corazón se contrajo exprimiéndose cada perla de amor en un estallido interno. "Cabalgata de las cosas sobre mí/cabalgata, estallido interno...". Poncho Maya es un buen trovador que expira nobleza, que aspira tranquilidad. Rolas urbanas llenas de risa y tierna reflexión. Luego vino Kristos que con su estilo cómico-músical, me transportó a un escenario de batallas, de vaqueros, de bohemios, de prostitutas, de forajidos, payasos, batman y un cerdo. Me quedo con la energía que contagia. Pero yo iba para escuchar a José Manuel Aguilera. Su ser oscuro iluminó una sala del Jardín Borda armando canciones como si fuera un pintor colocando las capas de su obra. "Siento en la cabeza la velocidad de un mundo/el ansia de una ráfaga centrífuga/siento que todos los países giran ya dentro de mí/los astros se amontonan en mi cráneo...".
Afuera llovía con fuerza y la temperatura bajaba, aunque dentro del auditorio sólo lo pensaba entre rola y rola. Las calles húmedas, el olor a tierra mojada, las luces en las calles recién remodeladas... Me sentía flotando, pensando en lo maravilloso que me resulta estar vivo y la fortuna de estar en los lugares correctos.
Vivo en Cuernavaca y me gusta. Esta condición mía de ser tan sensible al entorno, los sonidos, las voces, el roce de las pieles, los pensamientos de la gente, las gesticulaciones, las miradas, de cuando se aprieta el paso, el sudor, el viento en el cabello, los audífonos; bueno, pues esta condición mía no es todo el tiempo, cuando duermo descanso.
Venía de cenar unos tacos cuando apareció frente a mí el mismísimo maestro José Manuel Aguilera. Venía envuelto en un manto negro, su cabello aún temblaba por el viento "Cabalgata de las cosas sobre mí/cabalgata, estallido interno...". Me acerqué y tomé su mano, hice una reverencia y agradecí su arte. Su poesía que tanto me conforta y ahora, esa mirada profunda y humilde. Así, se elevó hacia la Luna perdiéndose entre la neblina y dejando en mí, un sabor exquisito de su música y una marca en mi cuello. "Y no estar parado ni acostado y no andar de pie/no estar ni despierto ni soñando/y resolver esta ecuación de la ansiedad inmensa/poder sentirlo todo en todas partes/Cabalgata de las cosas sobre mí/cabalgata, estallido interno/cabalgata de las cosas sobre mí/cabalgata, estallido interno...".
Afuera llovía con fuerza y la temperatura bajaba, aunque dentro del auditorio sólo lo pensaba entre rola y rola. Las calles húmedas, el olor a tierra mojada, las luces en las calles recién remodeladas... Me sentía flotando, pensando en lo maravilloso que me resulta estar vivo y la fortuna de estar en los lugares correctos.
Vivo en Cuernavaca y me gusta. Esta condición mía de ser tan sensible al entorno, los sonidos, las voces, el roce de las pieles, los pensamientos de la gente, las gesticulaciones, las miradas, de cuando se aprieta el paso, el sudor, el viento en el cabello, los audífonos; bueno, pues esta condición mía no es todo el tiempo, cuando duermo descanso.
Venía de cenar unos tacos cuando apareció frente a mí el mismísimo maestro José Manuel Aguilera. Venía envuelto en un manto negro, su cabello aún temblaba por el viento "Cabalgata de las cosas sobre mí/cabalgata, estallido interno...". Me acerqué y tomé su mano, hice una reverencia y agradecí su arte. Su poesía que tanto me conforta y ahora, esa mirada profunda y humilde. Así, se elevó hacia la Luna perdiéndose entre la neblina y dejando en mí, un sabor exquisito de su música y una marca en mi cuello. "Y no estar parado ni acostado y no andar de pie/no estar ni despierto ni soñando/y resolver esta ecuación de la ansiedad inmensa/poder sentirlo todo en todas partes/Cabalgata de las cosas sobre mí/cabalgata, estallido interno/cabalgata de las cosas sobre mí/cabalgata, estallido interno...".
junio 17, 2009
La calle Mirador es un callejón del que nadie sale vivo
Bueno, vivo sí, pero un poco diferente. Resulta que dicen que pasar por esa calle no tiene ninguna emoción durante el día. La cosa es de noche. La parte donde es puente del río de la ciudad. Un río muy abandonado, lleno de basura, cadáveres de perros, botellas de plástico, el drenaje de muchas casas, quizá colonias enteras. En estos días de lluvia, el río viene revuelto, así que no hay manera de saber qué hay entre las piedras. No se ve muy profundo, pero desde esta reja sobre el puente uno puede imaginarse la sensación de estar ahí con los pies metidos. La cantidad de cosas que podrían correr entre los dedos, sobre los pies, bajo las plantas... ¡ihggg!
Aunque eso no es lo peor. Debería, pero no. Lo peor viene de noche, cuando debes cruzar por aquí para ir a tu casa, que sabes que no hay nadie en la calle, que estás solo, que debes cruzar porque no hay otro puente. Que sabes que mientras caminas hacie el puente te llenarás de miedo. Caminarás sobre el puente, al llegar a la lámpara pública, ésta se apagará y tu miedo será una corriente helada que cruce tus músculos.
Sabes que ella caminará detrás de ti. Sentirás sus pasos, su andar tras de ti. El roce de su ropa, de sus vestidos en el piso ¿o serán sus cabellos? Tendrás el terror de que llegue a tu nariz el horripilante olor de ese ente. Si aún no hs llegado al extremo de la calle, ella tomará tu camisa y con mucha fuerza se aferrará, quiere que estés con ella, que te quedes a vivir en el puente de la calle Mirador.
Lo mejor sería que construyeran otro puente.
Aunque eso no es lo peor. Debería, pero no. Lo peor viene de noche, cuando debes cruzar por aquí para ir a tu casa, que sabes que no hay nadie en la calle, que estás solo, que debes cruzar porque no hay otro puente. Que sabes que mientras caminas hacie el puente te llenarás de miedo. Caminarás sobre el puente, al llegar a la lámpara pública, ésta se apagará y tu miedo será una corriente helada que cruce tus músculos.
Sabes que ella caminará detrás de ti. Sentirás sus pasos, su andar tras de ti. El roce de su ropa, de sus vestidos en el piso ¿o serán sus cabellos? Tendrás el terror de que llegue a tu nariz el horripilante olor de ese ente. Si aún no hs llegado al extremo de la calle, ella tomará tu camisa y con mucha fuerza se aferrará, quiere que estés con ella, que te quedes a vivir en el puente de la calle Mirador.
Lo mejor sería que construyeran otro puente.
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